La Unesco estudia en Gran Canaria más de veinte sitios que enlazan el cielo con la tierra para definir su estrategia mundial

24 may 2018

Las intensas sesiones de trabajo del encuentro de la Unesco en Gran Canaria ha analizado más de veinte sitios que enlazan el cielo con la tierra, las estrellas y con lo divino, extraordinarios lugares que se extienden por la geografía mundial que serán la base para definir la estrategia global para conformar una lista de Patrimonio Mundial que aspira a ser equilibrada, representativa y creíble y que conllevará su protección para las futuras generaciones.

La sesión de este jueves comenzó con la tercera ronda de casos de estudio con seis intervenciones moderadas por Michael Turner, que desempeña la Cátedra Unesco de Diseño Urbano y Estudios de Conservación. El primero en intervenir fue Lassana Cissé, antiguo director de Patrimonio Cultural de Mali, que habló los sitios astronómicos y el calendario de ceremonias rituales en el pueblo Dogón de Mali.

“Nuestros sabios locales los denominamos astrónomos porque son los encargados de interpretar los cielos y el firmamento. Existen dos observatorios rocosos que permiten ordenar las fechas precisas para determinadas acciones relacionadas con el ritmo de vida de la población”, explicó Lassana Cissé, que añadió que “estos astrónomos o adivinos supervisaban la evolución de los astros para darle un sentido profundo a la actividad humana”.

Clive Ruggles, presidente del Grupo de Trabajo Internacional sobre Astronomía y Patrimonio Mundial, presentó un amplio estudio de la astronomía en la Polinesia. Comenzó datando la existencia de asentamientos humanos en una fecha aproximada de dos mil años antes de Cristo. Hizo una descripción acompañada de fotografías de sitios de interés arqueoastronómico en diversas islas del Océano Pacífico. A la vez subrayó la correlación entre astronomía, calendarios, ideología y desarrollo de proto-estados en Hawaii y sus islas vecinas.

“Los lugares más destacados son templos de navegación que se usan aún hoy en día y se consideran extremadamente sagrados y se relacionan con la navegación, la bóveda celeste y el firmamento” aseguró Ruggles. “El conocimiento entre la población de la Polinesia era esencial para navegar y expandirse. La gente no observaba las estrellas como objetos celestes sino como seres vivientes, estrellas jefes o sacerdotes, con relaciones genealógicas entre ellas”.

El patrimonio astronómico aborigen australiano fue defendido por Duane Hamacher del Centro de Estudios Indígenas Monas, Queensland del Sur, Australia. “En la cultura indígena la luna tiende a ser una figura varonil y el sol femenina” incidió Hamacher, quien añadió que “según el halo de los astros y el número de estrellas pronosticaban cuando iba a llover”.

Durante su intervención reprodujo canciones tradicionales de diversas zonas recalcando su importancia no solo con valor como patrimonio intangible sino incluso con valor jurídico, y sobre ello explicó que “la población del territorio tiene un pleito con el Estado sobre la propiedad de la tierra y la canción sirve para oponerse a las tesis estatales que han entrado en conflicto con un millón de personas que viven en dicha zona”.

La rusa Olga Dluzhnevskaya, directora del Centro de Datos Astronómicos del Instituto de Astronomía de las Academia de Ciencias de Rusia, mostró tres sitios de interés arqueoastronómicos situados en distintos puntos del país. Comenzó puntualizando que según su opinión “en los tiempos antiguos la astronomía era más religión que ciencia”. “Se ha podido averiguar que existió un reloj solar y un observatorio orientado a la salida y puesta del sol en la parte asiática del país”, apuntó la experta rusa antes de presentar una reconstrucción virtual de antiguos monumentos que se han deteriorado con el paso del tiempo pero con vestigios para intuir su pretérita apariencia.

Los bereberes, origen de la población prehispánica de Canarias, a estudio

Kallala procedente de la Universidad de Túnez, presentó sus estudios acerca de “Asociaciones celestiales y religiosas, prácticas culturales antiguas en el Norte de África”. Sobre este tema afirmó que “hay una correlación entre las fuerzas celestes  y las terrenales, una depende de la otra y la montaña funciona como el enlace entre ambas fuerzas” para continuar revelando que “los bereberes veneraban los genios y divinidades que pueden vivir en cualquier lugar y especialmente en los accidentes del relieve lo que propicia la sacralización de los territorios elevados”.

La norteamericana Annette Lee, que participó el martes en las Jornadas de Risco Caído y Espacios Sagrados de Montaña, enseñó sus avances dentro de la iniciativa que lleva el nombre de Nativos Observadores del Cielo (Native Skywatchers), que recoge los conocimientos de los ancianos respecto al cielo y las creencias indias.

La astrofísica de ascendencia india, que reside en el estado norteamericano de Minnesota, explicó que esta misma palabra de origen indio manifiesta parte de su sabiduría. Minnesota significa “el agua refleja el cielo” y en las creencias indias se recoge que lo que ocurre en cualquier lugar tiene su reflejo en el cielo. “La idea del reflejo es muy importante porque lo que está arriba está abajo” expresa la investigadora, quien agregó que “cuando se produce una danza solar, en la tierra se inicia otra danza y en ese momento se abre el umbral que conecta ambos mundos”. Durante su intervención presentó los mapas del cielo de distintas comunidades indias.

El Consell Insular de Menorca ha aprovechado el cierre de las sesiones de la mañana para solicitar oficialmente, a través de la voz de Margarita Orfila, de la Universidad de Granada, ser sede del próximo encuentro de la Unesco y propusieron como fecha aproximada la primavera del año próximo. Orfila es experta en la cultura talayótica de Menorca, que también aspira a ser declarada Patrimonio Mundial.

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