Regaderas, palmatorias y colchas caladas, entre antiguos objetos rurales que muestra el Cabildo en su vitrina para deleite del público

09 jun 2017

Regaderas y palmatorias de latón, colchas y cortinas caladas, y chaquetas de lana de las ovejas de la casa, y hasta una letrina, entre otros enseres, abundaban en las viviendas rurales de la Gran Canaria de mediados del siglo pasado, objetos hechos por los artesanos para su uso diario que ahora expone el Cabildo en la vitrina de su fachada para deleite del público.

Inaugurada hoy por el presidente del Cabildo, Antonio Morales, y la consejera de Artesanía, Minerva Alonso, los objetos expuestos picarán la nostalgia de los viandantes de Bravo Murillo con Pérez Galdós, pues el que más el que menos, reconocerá en esos objetos los entrañables momentos pasados con sus abuelos.

El último medio siglo ha transformado radicalmente las casas de la Isla, pero perviven, en pagos alejados de los núcleos urbanos, casas cavadas en la piedra por piqueros profesionales para albergar el dormitorio familiar, separado del resto por una cortina calada para dar intimidad a sus moradores.

Antiguamente, ese dormitorio apenas tenía una cama de madera junto a la que, por épocas, reposaba una cuna que pasaba de generación en generación y entre hijos de hermanos hasta convertirse en una reliquia con el paso del tiempo.

Sobre la cama, si la familia podía permitírselo, una colcha de lana con ribetes calados dignificaba la sencilla estancia, albeada en el mejor de los casos para dar luminosidad al espacio sin ventanas.

La familia recurría también a los oficios artesanos para elaborar las alfombras, realizadas como esteras de palma con trenzado de empleita, escobas o los imprescindibles cachorros canarios, hechos de pelo de conejo o de caballo para cubrir a los agricultores y ganaderos, las profesiones más habituales en la época.

Algún año bueno dejaba en la casa rural una muñeca o un coche que jugueteros elaboraban para divertimento de los más pequeños, mientras que el latonero y el hojalatero se volvía imprescindible para hacer regaderas, palmatorias, orinales y hasta el ‘flis’ que expulsaba insecticida contra las moscas.

El salón era la estancia noble de la casa, coronado por un aparador de madera al que acompañaba la sempiterna silla de travesaño labrado en la que muchos nietos, hoy adultos, pasaron horas de su infancia en la casa de sus abuelos, o bien en los bancos de madera usados para ordeñar al ganado del alpendre, una habitación exterior más del conjunto.

El reloj de péndulo era el centro del salón, muchas veces regalo para los recién casados, que también podían recibir loza hecha por los alfareros o una vajilla importada de cerámica esmaltada con dibujos de flores y gallos, junto a la que estaba ubicada la siempre presente pila de agua cuyos alrededores servían en ocasiones de nevera para mantener los alimentos frescos.

Así, lo que hoy queda como una actividad menor era, hace apenas sesenta años, imprescindible para la vida diaria: el trabajo de los artesanos, que en la actualidad son conocidos como oficios tradicionales, a los que el Cabildo rinde homenaje de esta manera. La exposición además recorrerá parte de la Isla y llegará a Telde, Gáldar, Valsequillo y Santa Lucía dentro de sus programas de fiestas locales.

Una entrada sólida y hermosa

Pero su trabajo no se limitaba al interior, canteros y labrantes construían las fachadas con piedras vivas de los barrancos para hacer el muro, entre las que colocaban ripias y rellenaban los huecos con engobe de barro y paja para dar consistencia a la pared. No faltaban, junto a la puerta, una jaula de canario hecha por otro artesano experto en caña y los tiestos realizados con latón en los que crecían plantas y flores que adornaban la fachada.

La cocina, igual que el baño, solía ser una habitación exenta a la casa y estaba presidida por un horno de piedra que muchas veces aprovechaba un saliente de roca que los canteros completaban para construir el hueco donde quemar la leña y prender el fuego para cocinar junto a la mesa tocinera en la que los grancanarios cortaban la carne.

La exposición organizada por el Cabildo está compuesta, además, por una veintena de paneles con fotos de casas rurales actuales que aún conservan las características de aquellas viviendas y se mantienen incólumes en alejados pagos de Gran Canaria.

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