Vino

La vid fue introducida en Canarias por los Conquistadores en el siglo XV llegando a ser cultivo dominante hasta finales del siglo XVIII. El vino canario gozó de fama mundial, conociéndose como Malnsey Canary Wine o simplemente Canary.

Hay que tener en cuenta que Canarias era un punto de vital importancia en la navegación entre Europa y América, por lo que tenían acceso a intercambios de material vitícola de todo el mundo. Sin embargo, una serie de desafortunados hechos históricos (competencia con los vinos andaluces, deterioro en las relaciones británicas y aparición de las enfermedades en la vid, entre otros) motivaron que durante más de un siglo la viña quedara como cultivo marginal.

En la década de los 90, el sector vitivinícola de la Isla resurge con un pequeño número de viticultores de diferentes zonas, que reestructuraron el viñedo en sistemas de cultivos que facilitaban las labores e incorporaron cambios tecnológicos, consiguiendo así el equilibrio entre una tradición fuertemente arraigada y una tecnología precisa y de vanguardia. Paralelamente, el sector vinícola moderniza las instalaciones de las bodegas y mejora los procesos de vinificación de sus caldos. Es este impulso, ejercido por el sector, el que comenzó con la mejora de la calidad de las producciones y rentabilidad de los vinos de Gran Canaria.

Paralelamente a este esfuerzo ejercido por el sector vitivinícola, el Cabildo de Gran Canaria desarrolla distintas líneas de investigación y servicio al agricultor que refuerzan las actuaciones de los viticultores ayudando a preservar el paisaje tradicional canario.

Características de los vinos de Gran Canaria

Hay que destacar que Canarias tiene una gran riqueza varietal y, teniendo en cuenta que aquí no llegó la filoxera, aún se pueden cultivar cepas francas de pie, sin recurrir a portainjertos. Por ello, se pueden obtener vinos de variedades únicas en el mundo con las grandes ventajas que ello reporta: la longevidad y la gran pureza vinífera.

Por otro lado, en Canarias por sus especificidades climáticas, la vid se puede cultivar en cotas que van desde los 100 hasta los 1.500 m sobre el nivel del mar, posibilitando la existencia de numerosas variedades distintas en un territorio muy reducido y la obtención de uvas de distintas características enológicas para una misma variedad. Actualmente, en Canarias existen unas 35 variedades en cultivo.

La Denominación de Origen Gran Canaria

En la actualidad el sector está compuesto por la D.O. GRAN CANARIA, que cubre todas las zonas vitivinícolas de la Isla. Esta D.O. produce Tinto Joven, Tinto Barrica, Rosado Blanco Joven, Semidulce, Dulce y Licorosos. A día de hoy contamos con 71 bodegas registradas y 54 marcas comerciales, situadas en el mercado local, regional y algunas de ellas en el mercado internacional.

Los vinos de Gran Canaria, tan famosos internacionalmente en los siglos pasados, han permanecido, en general, de espaldas al turismo, a la hostelería y a las cadenas de distribución durante años. La ausencia de una correcta presentación y de una adecuada promoción había hecho pasar desapercibido la existencia de nuestros caldos.

Aquí puede consultar los productores con Denominación de origen (pendiente envío)

 

Tipos de Vino de Gran Canaria

Producto del cultivo de las 35 variedades de vid y sus posibles combinaciones, en Gran Canaria podemos encontrar una gran diversidad de vinos tintos, blancos, semidulces, dulces, licorosos y rosados.

  • Los Vinos Tintos: Estos vinos de color rojo granate, cereza, picota o rubí presentan ribetes violáceos de capa media a muy alta, limpios y brillantes. Su intensidad olfativa va de media a muy alta, con aromas a frutas rojas, unidos a notas de pimienta, tabaco, chocolate, etc., dependiendo de las variedades que se usen en la vinificación. En los vinos con crianzas en barrica, estos aromas se mezclan con las notas propias de la barrica de roble (clavo, regaliz, vainilla y canela). Los tintos de Gran Canaria poseen gran intensidad en boca, con sabores a fruta roja, mezcladas con las notas especiadas antes citadas. Sus taninos son dulces, equilibrados e integrados dentro de la estructura del vino, amplia y persistente.
  • Los Vinos Blancos: Caldos limpios y brillantes de color amarillo paja pálido, poseen ribetes que van desde el verdoso al dorado. En nariz presentan una intensidad media a muy alta, con aromas a frutas tropicales, plátano, pera, manzana y cítricos, notas a hinojo, anisados y tabaco verde, también notas florales, dependiendo de las variedades que se hayan usado en su vinificación. En boca son de gran intensidad, estructurados y con una gran persistencia.
  • Los Vinos Semidulces, Dulces y licorosos: La fase visual de estos vinos va desde el color amarillo paja al ámbar, dorado, e incluso, caoba. Son limpios y brillantes. Cuentan con una intensidad olfativa alta, aromas varietales muy intensos, a frutas y flores (melocotón, lichi, piña, naranja, kiwi, limón, jazmín, rosas, etc.) En boca son de entrada amable, de muy buena acidez, amplios, ligeramente melosos, con chispa y de larga persistencia.
  • Los Vinos Rosados: Estos vinos de color rosa presentan ribetes violáceos, de intensidad baja a media. Son limpios y brillantes. Sus aromas son finos y elegantes con notas a fresa, frutas rojas del bosque ligeramente confitadas. En su fase gustativa, tienen entrada amable, con marcada acidez, de intensidad muy alta y muy estructurados.