"SIGLOS DE TRADICIÓN Y ESFUERZO TRAEN HASTA NUESTROS DÍAS UNA ACTIVIDAD ARTESANAL QUE SIGUE VIVA"

 

Evidencias arqueológicas y documentales confirman que los aborígenes canarios ya practicaban la pesca y que el mar era para ellos una importante fuente de alimento.

En los últimos decenios la pesca en Canarias ha sufrido importantes transformaciones. El modelo económico insular centrado en el turismo, junto a las alteraciones en los mercados mundiales y la introducción de nuevas tecnologías en la actividad, han afectado de manera especial al sector pesquero. La actividad turística (construcción de hoteles de costa, marinas deportivas, ocio náutico…) compite ahora con los pescadores tradicionales, que han tenido que modificar sus estrategias de pesca, caladeros, embarcaderos y, en ocasiones, hasta sus lugares de residencia.

Sin embargo, la mayor crisis de la actividad pesquera en Canarias fue originada por el conflicto sobre los recursos del banco Canario-Sahariano. La aplicación de la legislación internacional sobre zonas económicas exclusivas (ZEE) dejó estas aguas bajo el control del Reino de Marruecos. Los canarios ya faenaban en dichas aguas desde el siglo XVI (Rumeu de Armas, 1956, 1977), cuando las poblaciones de esas costas no pescaban o lo hacían sólo de forma incidental. Los armadores y capitanes peninsulares se acercaban a Canarias para llenar de “costeros”- como se conocía a los marineros canarios- las tripulaciones de sus barcos pues su pericia y bravura en esos mares era indiscutible y reconocida.

En noviembre de 1999 toda la flota española dejó de faenar en el caladero marroquí, momento en el que algo más del 70% del valor añadido bruto pesquero de Canarias dependía de las capturas de las flotas que faenan allí (Macías González; Pascual Fernández et al., 2000). La nueva forma de regular la propiedad de estas aguas, sin considerar hecho histórico alguno, dejó a los usuarios tradicionales de estos recursos: los canarios y andaluces, totalmente apartados de su utilización. El impacto sobre el sector fue trascendental, no produciéndose un nuevo acuerdo hasta 2007, año en que algunas embarcaciones, de las pocas que quedaban, volvieron a recibir licencias para pescar allí.

Las características inherentes a la actividad pesquera (condiciones de trabajo duras, prolongados periodos fuera del hogar, largas jornadas laborales, deficiente habitabilidad de muchos buques, etc.) hicieron que, desde los años 70 hasta la crisis del 2008, muchos marineros cambiaran de actividad. Esos años de expansión económica en torno al sector turístico (construcción, servicios…) brindaron nuevas oportunidades laborales a los pescadores, por lo que muchos barcos y marineros canarios fueron abandonando la actividad.

Quizás sea el impacto directo o indirecto del turismo lo que más esté transformando a las poblaciones de pescadores de las islas, especialmente cuando hablamos de las zonas sur y “de calmas” (Pascual Fernández; Santana Talavera et al., 2001; Santana Talavera, 1990a, 1990b). En primer lugar, se ha dado una invasión física, pues las urbanizaciones turísticas han ocupado buena parte de las mejores calas y playas, precisamente muchas de las zonas en que previamente se habían asentado los pescadores. En segundo término, el binomio turismo-construcción creó nuevas oportunidades de subsistencia, subiendo el nivel medio de los salarios y acaparando buena parte de la fuerza de trabajo que antes se integraba en el sector primario y concretamente en la pesca.

La difícil situación económica actual ha hecho volver al mar a muchos de aquellos marineros, ahora con sus hijos acompañándoles en las tareas.

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